Casa de cuidados

Rudas y Salvias

Somos una casa de cuidados para la comunidad, especialmente para las mujeres y las infancias. Creemos en la autonomía como práctica de libertad y dignidad, y en el tejido comunitario como camino de esperanza, abundancia y buen vivir.

Por eso caminamos —y llevamos mucho tiempo caminando— hacia el rescate de los saberes ancestrales de nuestros territorios en torno a la salud, la partería y los oficios del cuidado y de la vida. Buscamos, y seguiremos buscando, las formas de reconocernos y construirnos como cuerpos colectivos, autónomos y soberanos.

Nuestra casa es un laboratorio de alquimia donde preparamos remedios, medicinas y preparados que alimentan y sanan a quienes llegan. Es también la casa de todas y todos quienes quieren acercarse a aprender y a compartir saberes y experiencias. Y, por último, es un resguardo y un lugar de cuidado para las mujeres, las infancias y las familias que acompañamos en sus procesos de vida-muerte-vida.

Lo que sucede en nuestra casa

En Rudas y Salvias suceden tres cosas muy importantes.

Manuela Pabón Villegas
Creadora de Rudas y Salvias

Rudas y Salvias nació hace muchos años, cuando vivía en Santiago de Chile, mientras cursaba la carrera de Medicina Naturopática y comenzaba el camino de la partería tradicional, como una colectiva comprometida con la educación en torno a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, desde la necesidad de recuperar nuestros cuerpos a través del autoconocimiento, para la autonomía y la autogestión de la salud.

Ha sido un proyecto-hijo que se ha transformado a lo largo de los años, una casa por donde muchas compañeras y colegas han pasado a co-construirla conmigo y a dejar sus siembras como cimientos.

Ahora, después de varios años de este parto y siendo madre, puedo definir a Rudas y Salvias como una casa de cuidados, en la que las plantas —que han sido una de mis pasiones y de mis más poderosas maestras— son las guardianas, junto con mi familia y todas las compañeras con quienes nos hemos tejido en red para compartir saberes y experiencias en torno al cuidado de nuestras comunidades, con el propósito cotidiano de construir un mundo de paz y buen vivir.

Sigo comprometida con el cuidado de algo tan complejo e interdimensional como la salud femenina, porque estoy convencida de que es el origen de cualquier nueva posibilidad de mundo. Sin embargo, esta casa cuida a todas y a todos, con una diversidad de herramientas y de manos sanadoras. Somos un tejido vivo.

Nuestra casa está sembrada a los pies de las montañas sagradas de Iguaque

Es un territorio muisca, un lugar de origen y memoria donde las lagunas altas son las madres guardianas. Es aquí donde aprendemos a caminar despacio, a escuchar y a cuidar; y donde este proyecto sigue creciendo, acompañado por la fuerza y la claridad de la montaña.

WhatsApp